Nacido en el corazón de nuestras tierras.
Buchonas de Oaxaca rinde homenaje al proceso artesanal y a la riqueza de nuestra historia. Cada botella nace en las faldas de San Juan del Río, donde el agave espadín crece lento, bajo el mismo sol y la misma tierra que han visto a generaciones de maestros mezcaleros heredar su oficio.
"Sabores que no solo se prueban, se sienten en el alma."Cinco pasos, la misma paciencia de siempre. Sin prisas, sin químicos — solo agave, fuego, piedra y tiempo.
El jimador corta el agave espadín en su punto justo de madurez, liberando la piña de sus pencas con machete, tal como se ha hecho por generaciones.
Las piñas descienden a un horno cónico de piedra y tierra, cubiertas con leña y brasas ardientes. Ahí duermen varios días, tomando el humo que da al mezcal su alma.
Una vez tatemadas, las piñas se muelen en la tahona: una rueda de piedra jalada por mula, que extrae poco a poco la miel de agave, como se hacía antes de que existieran las máquinas.
La miel y la fibra del agave reposan en tinas de madera, fermentando de forma 100% natural, sin levaduras ni productos químicos. El tiempo y el aire de Oaxaca hacen el resto.
El mosto fermentado se destila en alambique de manera artesanal, sin prisas ni atajos, hasta lograr el punto exacto: un mezcal joven, limpio y con carácter — 100% agave angustifolia.
El alma de Oaxaca
en cada gota.
Un mezcal limpio, con notas ahumadas y un dulzor natural que recuerda a la tierra recién trabajada. Ideal para tomarse solo, en las rocas, o para descubrir en un buen mezcalito entre amigos.
Desde las faldas de Oaxaca hasta tu mesa, sin importar dónde estés. Empacamos cada botella con el mismo cuidado con el que se tatema cada piña de agave.